viernes, 16 de octubre de 2015

De carabelas, vals y estrellas fugaces...

«Ese día entendió que ganaba más por lo que no le decía que por lo que le confesaba. Que eran más importantes los silencios en los que los desconocidos se sentían incómodos que la verborrea acelerada y poco locuaz de los extraños amigos. Comprendió el significado de un roce descuidadamente sincero y se le olvidó lo que era una caricia amañada. Percibió suavemente el olor embriagante que desprendía la serenidad a su lado. Adivina lo que pienso si me miras. Porque no había más intención que la de compartir el ahora. Lo que somos en este fugaz instante, tan efímero que a algunos se les escapa en una lluvia de estrellas. Porque las explicaciones están hechas para los libros de Ciencia y para los amantes no espontáneos y forzados de la Historia. Aquellos que habían aprobado con sobresaliente el protocolo químico del esmerado esfuerzo pero poco dados al arte de improvisar y jugar a ser libres, simplemente por el placer de probar y "¿a ver qué pasa si sigo el camino amarillo?". Pintar con los dedos de las manos una paleta infinita de colores. Y... ¿si de repente la vida pasa y esto sigue creciendo a borbotones cual el éxtasis orgásmico de una palomitera?.  Caliente, chispeante, aceitoso y fresco. Delicioso. Aún así ciertos temores le asaltaban sin querer invitarlos, como colados en fiestas que se celebraban para dos. Porque no hay peor vals que el que se baila entre más de "tú y yo". Y aún así pensar que el mundo está poblado de Américas que descubrir. Tantas carabelas que acondicionar para zarpar. Y saber que a pesar de la aventura inminente, de la expectativa de infinitos periplos había descubierto una isla en la que atracar. Lanzar el ancla y descansar. Por ello, y simplemente por eso era feliz más que nadie en el océano entero.»

lunes, 22 de junio de 2015

Cajón de Decisiones Postergadas


El camaleón tenía un cajón con una etiqueta "Cajón de Decisiones Postergadas". 

Esa etiqueta no estaba puesta al azar, señores. Ahí se iban acumulando todos los objetos que no utilizaba a menudo pero de los que no quería deshacerse, los volvía a guardar con un "hoy no los tiraré, quizás mañana". Llamémosle  nostalgia. Llamémosle desidia. 

Aquella bola de plástico con la que se divertía de pequeño. El vestido de gala de graduación. El primer disco que compró con su primera paga. Tantas fotos, tantos recuerdos acumulados. Pero sacados de contexto. Sin un fin específico. Había pasado su momento. Su fin era sólo acumularse en aquel cajón. 

De la misma manera, cuando lo abría a veces se topaba de bruces con algunas preguntas cuyas respuestas iba postergando. Quizás era por falta de interés y relevancia en el momento en que surgían. 

Eso pensaba el camaleón. Pero yo como narrador omnisciente, todo lo sé y todo lo veo, os puedo decir (ahora que no nos oye) que eran las preguntas más importantes de cuyas respuestas dependía el trazo de su camino por este mundo salvaje. 

De repente un "¿por qué los detalles que hacen que nos enamoremos de una persona son los que acaban aburriéndonos, y en última instancia separándonos?", "¿por qué pasamos tan poco tiempo con la gente que realmente nos valora y tanto con quien ni fú ni fá?", "¿A dónde van a parar todas las palabras que por miedo no decimos?", "Y, ¿a dónde va parar todo el amor que sentimos por alguien cuando se esfuma?", "¿por qué decimos que sí cuando queremos decir que no?" "O decimos estoy bien cuando queremos decir estoy mal, abrázame" , "Por qué nos enseñan a sumar, restar, multiplicar y dividir y no a sentir, asumir pérdidas, valorar nuestros afectos y compartirlos con el resto. Por qué nos enseñan a analizar sintácticamente frases y no a saber comunicar lo que sentimos". "¿Por qué buscamos excusas cuando hay que cambiar actitudes?, "Y si tomamos precauciones en el sexo, ¿por qué no en el amor?"


Mil preguntas se acumulaban en ese cajón. Pero hoy no tienen respuesta, quizás mañana... 
"...y mientras el tiempo pasa y la inocencia con él... o montas en el tren o te quedas en el andén..."

martes, 17 de marzo de 2015

Espejos.

Necesitaba hacer ese viaje. El más duro de todos. 
Había estado demasiado tiempo anclada en "La Casa de los Espejos". Pero en esta casa embrujada no había espejos cualquiera. Si no miles de rostros, miradas escudriñadoras, ojos avizores, ojeadas rápidas pero agudas. En todos ellos se veía reflejada. Rastreaban los movimientos estuviera donde estuviera. Acá, allá, acullá... 
Ella les devolvía la mirada pero en seguida la dirigía al suelo. Perdía el duelo. Bang Bang. Derrotada. Se desvanecía la poca fuerza que le quedaba.

En esa casa aquellos rostros-espejos le devolvían siempre una imagen distorsionada.
Nunca era la misma. Si andaba hacia allí y se cruzaba con ese rostro avejentado de mirada grisácea era más alargada, si se enfrentaba al rostro juvenil pecoso se veía lejana, si se veía ante la mirada atenta de ese caballero de repente tenía las piernas más largas y ancladas firmemente a la tierra, si se enfrentaba al espejo de semblante serio femenino, su cabeza superaba las proporciones de su cuerpo...
Nunca le devolvían el reflejo que coincidía con su propia imagen.

Era el momento de romper todos los espejos. Dejar de verse distorsionadamente reflejada. Era el momento de mirar hacia el interior. Buscarse. Y ¿encontrarse? Cuál es la verdadera imagen...


Pero hacerlo ¿qué suponía?... ¿un viaje solitario? O ¿debería encontrarse en ese reflejo que le devolvían los espejos?

¿Cómo acertar en La Casa de los Espejos?


Variações pindéricas sobre a insensatez by Joana Sá - Music for film "Tabu" by Miguel Gomes

lunes, 26 de enero de 2015

El baile de las máscaras

Llegó el fatídico día. Tras una larga representación llegó sin avisar. El momento en que cayó el telón. Todas las logradas máscaras que durante milenios fue construyendo con esmero y luciendo perfectamente cayeron con él. 

Permaneció inmóvil. En estado de shock. Miedo escénico. No había apuntador que dirigiera su discurso. Ya no había más. Ella y todas las miradas.

Desnuda ante un público boquiabierto. Aquel público se sentía indignado. Engañado. Mierda de actuación.

Ya no hay máscaras, ¿qué no veis? Se acabó la función. Esta soy yo. No hay más actriz. Aquí estoy yo. ¿No queríais esto? Aplaudid.

Pero el público sintiéndose estafado fue marchándose. Primero los más reaccionarios. Tímidamente el resto. Sin despedidas. Sin ningún comentario. Únicamente el lacerante silencio que corta. Rasga en mil pedazos.

La actriz desnuda ante un  anfiteatro que se iba vaciando. Lo hacían también sus emociones en el escenario. Iban filtrándose en los tablones que le sujetaban, le ataban a la tierra. Raíces perennes. Pero la mente estaba más allá. En algún punto del cielo que de repente pesaba.

Cristalina losa.

Ella. 

El escenario.


El mundo. 

La interpretación.


Auténtico. 

Fingido.


Verdad.
Mentira.

Realidad.
Ficción. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

Peso. Bañeras. Y otras tonterías.

Le gustaba la sensación de meterse en una bañera con agua caliente y espuma hasta las orejas.
Pero más que esa sensación de abrazo caliente y reconfortante que hasta llega a asfixiar... disfrutaba con inexplicable placer el momento de quitar el tapón. Vaciar la bañera. El alma, las lágrimas, el peso de los días, las preocupaciones y sentir cómo el cuerpo poco a poco va adquiriendo conciencia de la gravedad. 9,8.
Esa bruta atracción hacia el centro del Planeta Tierra.
Estamos aquí. Esto no es un sueño Calderón De la Barca. Fuck you.
Consciente del peso de su espalda primero, su trasero, sus piernas que a tantos sitios la transportaban,
esas manos que tanto sabían de tocar, sus brazos que casi olvidan abrazar... Casi. Y se quedaba así. Pesada. Inmóvil. Inerte. Estática. Firme. Era el único momento en que su mundo paraba. Dejaba de girar. Tan etérea siempre. Tan alborotada. Tan precipitada. Bulliciosa. Revuelta. Como su pelo. Y era entonces cuando caía en la cuenta de que estaba aquí. Y que si ella no ejercía ese mecanismo preciso del cuerpo humano. Nada iba a funcionar. Nada funcionaba si se quedaba ahí. Hace falta mucha energía para contrarrestar la fuerza de la gravedad. Pero no existe en el mundo ninguna energía que se destruya. Todo es cambio. Todo es transformación... Ritmo acelerado.
Fuck you Einstein. Y ya de paso fuck you Newton.
Y si nos quedamos así... Aquí...


Comfortably Numb - Roger Waters & Van Morrison - Live Version

jueves, 20 de marzo de 2014

Libros y hombres. Gran combinación.

Aquella era velada de chicas. La típica de la que huyen los hombres “uh qué haréis ahí, brujas”, “de qué hablaréis, pillinas” “fijo que de nosotros”. La verdad es que hay miles de temas mucho más interesantes que los que tienen que ver con el sexo masculino. De hecho lo “masculino” sobra en la anterior frase. De lo otro sí que se suele hablar ricamente. Hablar y si surge... ¡Oh! ¿Qué diablos? Es que ¿las mujeres hablan de sexo? ¿Ven porno? ¿Se masturban? Eeeeso amigos, se tratará en otra ocasión.
Centrémonos en aquella velada. En la cual no se habló de lo primero (quitad esa cara de chasco, disimulad...), si no de la segundo. ¿El orden es relevante? ¿Menos interesante? Juzguen ustedes mismos. Se charló largo y tendido de hombres. Chicos. Men. Masculino. Virilidad. Machos.
Cinco eran las amigas. A lo Spice Girls celebraban un reencuentro después de varios años sin verse. Ya era hora. ¿Qué había pasado para posponer tanto esa reunión informal? La vida... como decían en alguna película.
Podríamos explayarnos en trascribir la conversación entera, pero sería una tarea ardua complicada. Sin embargo hubo un tema en concreto que centró la atención de todas las damas allí presentes. Todas coincidieron en tratar más a fondo lo que a continuación amablemente exponemos al lector. (Nota: el hecho de que lo expongamos es un favor, sirve de reflexión muy necesaria. De nada)


Una de las allí presentes, encontrándose soltera desde hacía una temporada, tras ese tiempo necesario para disfrutar de su compañía y libertad decidió que era momento de abrirse al mundo masculino. Conocer. Indagar. Surcar aguas desconocidas. Lanzarse en la aventura de encontrar a ese alguien especial. Media naranja si no se había hecho zumo ya. Tuvo varias, muchas, demasiadas citas que aunque parezca cosa de las pelis americanas, llevan su protocolo. Cena en un lugar neutro. No roce. Temas tratables. Temas intocables. Etc. Nada...mucha paja. Mucho postureo. Cuánto daño ha hecho Mujeres Hombres y Viceversa. Pasó sin pena ni gloria por esa etapa. Peeeeeeeeeeero por suerte, azar y coincidencia conoció a un chico. Mono. Sí. Había química. Risas tontas. Nervios. Manos sudadas. Tal... Suficiente! Se citaron en un bar de moda, bastante agradable. Velas, un par de cervezas, buen feeling aunque tampoco era un Míster, era bastante resultón. Vamos, que entraban ganas de besarle. Además resultaba gracioso. Ameno. Divertido. Llegó el momento incómodo del silencio y ella preguntó por sus hobbies, tiempo libre, ocio, (¿ociosidad...?). A qué lo dedicas majo. El chico en un tono medio inseguro lanzó la palabra mágica. Enumeraba entre sus hobbies la lectura. La chica había oído esa palabra a cámara lenta L E C T U R A. Se detuvo el mundo alrededor, bajaron la música e incluso pudo ver cómo habían pausado al resto de personas del lugar. Casi se lo tira en el bar, de no ser porque había demasiada gente y la mesa no parecía muy cómoda. Aunque la escena de “El cartero siempre llama dos veces” se le pasó por la mente. La cuestión es, ¿en serio nos conformamos con tan poco? Da igual que sea un asesino en serie, un nerd con ansias de conquistar el mundo a lo Pinky y Cerebro. Un Tolosabe si no se lo inventa y encima pedante. Pero es que, lee... Ya muchacha, pero, ¿es que es tan difícil encontrar a un hombre que lea? Que sea culto. Que le interese la historia, la filosofía, cualquier rama que estimule sus neuronas. Que tenga imaginación. Que le enganche una buena historia. Que aguante hasta el final.... del libro, malpensados! Que tenga mínimas nociones de cultura general. Que pueda mantener una conversación a cierto nivel intelectual pasable. No de Einstein, si no de un "bien alto". 6,5. Nociones básicas. B1. No hay manera. Según esta chica y tras sus 29409459024123392458453 encuentros, es imposible. Es más fácil encontrar al asesino en serie. Sí. A lo Ted Bundy. O el Arropiero.



Como moraleja dejaremos una notita a los lectores. INTELLIGENCE IS SEX. 
O mejor, parafraseando al actor, director de cine y escritor estadounidense John Waters; dando por cerrada esta entrada-favor y a la vez añadiendo la foto fiel al estilo de este blog:



domingo, 2 de febrero de 2014

Miel pura para vuestros ojos.


"Algunos dicen cosas por decir, por rellenar espacios incómodos o no tan incómodos, simplemente para huir del silencio y para caer en el abismo del significado vacío.
Sin embargo hay otros que sufren un proceso mágico.
En primer lugar experimentan una sensación y se recrean en sentirla así, en estado puro.
Luego llega el momento de reflexión de pensar en las sensaciones, racionalizarlas.
De repente llega el vértigo pero nada angustiante porque en unos milisegundos más tarde ocurre el subidón.
La última en hacer su aparición es la inspiración y esta es la encargada de convertir todo esto en palabras sinceras.
Y justo en este momento es cuando te digo que me pasa cuando te digo: quiero pasar el resto de mi vida contigo."