Ahora que me han obligado, léase forzado, a una larga espera en el aeropuerto me da por pensar. Esperar. Pensar. Espensar. El que espera desespera y solo hay que echar un vistazo a las definiciones para que nos quede claro lo frustrante que es este verbo:
1. tr. Tener esperanza de conseguir lo que se desea.
2. Creer que ha de suceder alguna cosa.
3. Desear que algo ocurra.
4. Permanecer en un sitio donde se cree que ha de ir alguna persona o ha de ocurrir algo.
5. Parar en una actividad hasta que suceda algo.
Tener esperanza. Creer. Desear. Permanecer. Parar.
Desde luego que no elegiría estos verbos para una película de acción.
Sería bastante aburrida desde luego. ¿Cómo se plasma en un plano o en una escena eso? Sería difícil incluso para Bergman.
Fundido negro. Una sala naranja. Chirriante en ocasiones pero cálida al fin y al cabo. Un sofá de metal con rejillas desde el que sale un humo que nubla la vista. No estás cómodo pero podría ser peor. Y a la vez nos gusta la fragancia de ese humo que de una forma u otra nos tiene prendados nos mantiene presos. Así retrataría yo la espera.
Además si os dais cuenta, el verbo lleva implícito el hecho de que un factor ajeno a nosotros es el actor en si. Nosotros somos meros espectadores. Y mira que pudiendo ser una muñeca de acción lo de estar sentada creyendo que soy merecedora de que algo ocurra o alguien se presente o que por lo menos se reanude la marcha, es una basura. Si si, muchas veces me he visto en esa situación y he pegado un respingo reprochándome ser tan mema. ¿Pero qué haces tia?¡espabila y haz algo útil!
Asimismo es como una especie de transacción enfarragosa. Un limbo. Un momento de quietud y aburrimiento que bien encauzado conduce a una recompensa. Bien sea una cosa, una persona, una situación. O un puñetero vuelo. Como había dicho ... Bien llevémoslo (carraspeo) Perdón.
En estos momentos la vida nos obliga, léase fuerza a que paremos un rato. Nos agarra de la solapa y nos arrastra a sentarnos en la sala naranja. Nos pide q nos concentremos en el ahora. No en las cosas siguientes q tenemos q estar ya haciendo y vamos tarde.
Y se agradece un remanso de tranquilidad en esta vida loca que siempre acaba despeinándome y sacándome ojeras.
Es un buen momento para priorizar y elegir bien el rumbo. Y no ir como pollos sin cabeza, maldición. A qué viene tanta prisa.
Por ello voy a aprovecharme de esta oportunidad cual parapente y voy a hacer un vuelo de conciencia. Y así, desde este positivismo más zen no me queda más remedio que parar. Permanecer quieta. Tener esperanza y desear que tengáis una entrada de lujo al 2017. Y creer que será lo mismo de guay para mí.
Al fin y al cabo es lo que llevo esperando todo este tiempo...
sábado, 31 de diciembre de 2016
sábado, 13 de febrero de 2016
28...tan cerca de los 30 y tan lejos de la madurez...
Pero muy cerca (caliente!caliente!)
de encontrar el tesoro tras una larga búsqueda. A puntito estoy. Como a punto
de llegar nadando al final del horizonte del mar. Sin embargo ha habido algún
que otro tropiezo en el barro, aproveché para exfoliarme un poco la piel que ha
visto 10227 amaneceres. No hay mejor antiarrugas que la sonrisa para las patas
de gallo. Cada día mejoro el arte de saber reírme de mí misma. Los defectos
aparecen como topos asomando sus ojos chinitos y me hacen reír tanto que a
veces hasta se ríen conmigo. Porque el humor es esencial para amar. Y amar es
parte del secreto de la felicidad. Pero no el amor romántico que sólo aparece
en las pelis de Disney. Que, ¡cuidado!, aún influyen en mi caminar. Ya te vale
Walt. Yo os hablo del amor por disfrutar, saborear y abrazar cada instante. El
tiempo no es que vuele, es que viaja a la velocidad de la luz. Einstein, ¿me lo
explicas mejor? Amor por esos momentos a solas en la punta del monte en los que frente a frente te
miras y te preguntas ¿qué tal te va la vida? ¿Qué cambiarías? ¿Qué dejarías tal
como está? ¡CAMBIA! Siempre a mejor. Amor por cultivar y regar las relaciones
que van surgiendo por azares del destino, para que echen raíces y enriquezcan
la paleta de colores de lo vivido. Grandes amistades para echar cañas y cantar
rancheras y echar irrintzis. ¿Pintamos un rato con los dedos de las manos? Amor por saber
abrazarte cuando eres demasiado duro contigo mismo y regañarte cuando la has
cagado. Mejorar. Evolucionar. Amor por cultivarte a ti mismo, aprender algo
nuevo: quizás un idioma, quizás a hacer
sushi. Y amor por hacer travesuras, despeinarse un poco de vez en cuando, porque estoy tan cerca de los 30 y tan
lejos de la madurez... Y sí señores ni
Punset lo diría mejor "la felicidad está en la sala de espera de la
felicidad" (ahora que lo pienso, sí que sí lo dijo él). Así que... ¿por qué no bailamos un rato?
martes, 5 de enero de 2016
La feminista que se volvió machista. O...
Hace unos cuantos días
sentí la gran necesidad de escribir sobre un tema que me tiene un poco
mosqueada. Por no decir cabreada. Sin embargo con el transcurso de los días fui
archivándolo en mi mente como un asunto que me concierne a mí y sobre el cual vuelvo
de cuando en cuando a reflexionar hacia mis adentros. En algún que otro arrebato de sinceridad expongo
mi opinión con alguno de mis allegados y poco más. Tampoco es plan de ir
proclamando nuestras opiniones a diestro y siniestro. A fin de cuentas, ¿a
quién coño le importa?
Sin embargo, a colación del vestido de la Pedroche en las
campanadas dicho tema explotó en mis morros con una energía impresionante. Y
una entrevista, en la que mi idolatrada Meryl Streep me susurraba que cumpliera
con mi parte, me empujó a esto que a continuación leeréis. El que quiera, el
que no que ponga la tele que últimamente no tiene desperdicio. O leed un libro, leñe. A lo que
apostillo "cualquier opinión vertida en este artículo es responsabilidad
de la señorita que está aporreando el teclado en este preciso momento. Para
cualquier denuncia, reproche (repedroche, ¡chistaco!), crítica o reclamación (o aplauso!) depositen
sus comentarios abajo".
Para sincerarme
totalmente confesaré que siempre me han chirriado los discursos que abogan que
hombres y mujeres son iguales. Porque no lo son. Yo no me siento un hombre. Al
igual que sé, que mi hermano no se siente mujer (excepto cuando llegan
carnavales que le da por ponerse mi ropa y disfruta de lo lindo, no me odies
por esto bro!). Ni física, ni química, ni biológica, ni científicamente somos
iguales. Punto. En donde realmente alberga la riqueza de este mundo es en la DIVERSIDAD.
Y no hay conjunción más armoniosamente dispar que el hecho de ser del sexo
femenino y del sexo masculino. Lo que sí defiendo a capa y espada es que TODOS
(plural neutro que engloba por definición a las y los) tengamos los mismos
derechos.
Hasta ahí una parte
aclarada, y diréis, mira esta qué lista. Si eso es lo que defiende el feminismo.
Que no te enteras. Efectiviwonder. Y qué fama tiene el feminismo. Por culpa de
discursos igual de poco justos hacia el sexo masculino. "¡Oh dios mío una
hembra cabreada más!" "¡Haced un grupo de fans en Facebook y tan
contentas!"; "¡Ya vale de tantas quejas, que sois más libres que
nunca!", bla, bla, bla.
![]() |
| Really?... |
Humildemente, os hablaré
desde mi perspectiva que me define como una mujer heterosexual joven que vive
en Europa, el "primer mundo" (millones de comillas). Puedo hablaros
de lo que siento desde esta definición. Jamás podré hablar desde la perspectiva
de un hombre, porque no lo soy. Punto.
Para empezar, como no hay mejor explicación que un buen
ejemplo relataré un episodio de mi vida como una mujer heterosexual viviendo en
Europa.
Trabajo como técnica de
cines-teatros. Una vez asistía COMO TÉCNICA a una charla de hombres del mundo
ganadero. Puntualizo lo de la temática porque no pude sentirme más diferente de
una vaca lechera. Los ponentes necesitaban micros y toda la parafernalia para una
buena exposición. Trabajo que perfectamente cumplí como buena técnica que soy. Bien,
todo estaba dispuesto para que ellos se dedicaran a su presentación sobre el
consumo de la carne, la subida de precios del pienso y demás menesteres.
Pues uno
de ellos, que casualmente llevaba el micro, la voz cantante y tal (al que todos cómplicemente rieron
las gracias) me regaló una tarde de los más amena. "Que si el micro está
apagado, ven a encenderlo para que nos alegres la vista". "Que si ya
no nos hace falta, ven a desenchufarlo y así todos contentos". "Mira el cable, mejor agáchate a recogerlo mejor", "Con chicas
así da gusto".
![]() |
| Mirad! ¡Yo soy la del lacito tricolor! ¿A que salgo favorecida en la foto? I am COW. I am HAPPY. |
Muchos pensaréis, pero
bueno mujer... encima de que te echan piropos te quejas. Bien, me pregunto yo
cuántos TÉCNICOS HOMBRES habrán tenido "la suerte" de que su trabajo
se resuma en pasearse para un público del sexo opuesto que admira sus
habilidades, cualidades y/o facultades, no como TÉCNICO si no como un mero
ejemplar del sexo masculino. Momento reflexión.
Miles de ejemplos se
pueden añadir a este artículo, infinitos, inabarcables, inagotables. Es difícil
ponerse en el lugar de una mujer siendo un hombre. Lo sé. Para eso os he regalado ese MOMENTO REFLEXIÓN. Y además añadiré que reírle las
gracias a este tipo de actitudes duele igual que el hecho de cosificarnos cual
carne de vacuno. Y de nada sirve intentar demostrar lo listas, inteligentes, lo
increíblemente capaces, resolutivas, profesionales, competentes que somos. Porque para ello la sociedad tiene que
cambiar. Y según mi negativismo surgido a raíz de mi corta experiencia, eso
está muy lejos de pasar.
Imaginaros mi cara cuando
vi por televisión retransmitido nacional e internacionalmente el bochornoso
espectáculo surgido en torno al vestido de la Pedroche. Ya no es el hecho de
que ella como mujer pueda elegir vestirse lo que le dé la gana (cosa que
incluso pongo en duda haya sido totalmente idea suya), si no todo el
espectáculo lascivo y vicioso alrededor, los comentarios con doble sentido de
su compañero Sobera, el debate surgido en las redes sociales sobre sus bragas o
ausencia de ellas...
![]() |
| Para aquel despistado que ha vivido en Marte y no tiene imágenes del momento bochornoso en torno al vestido. |
Derrotada preferí unirme
a esa corriente de borregos imbéciles. Sintiéndome peor porque en el fondo sé
todo lo que conlleva. Infligiéndome a mí misma el mayor de los daños. El que se hace a uno mismo. Me metí
en el papel de la mujer machista. Que es igual de malo que el hombre machista. Y así acabé riéndole las gracias a Sobera. Riendo cómplice con mis
amigos que agradecían a la Pedroche el primer autohomenaje del año. Acabé
sonriendo las gracias al viejo ganadero y sus cómplices. A todas las miradas
lascivas hacia mi cacho de carne cuando salgo a correr o a la piscina o al
gimnasio. A todos los compañeros de clase que se burlaban porque "cómo va
a saber eso, si es una chica", a todos ellos les dedico mi más DOLIDA
sonrisa como una machista mujer heterosexual viviendo en Europa.
O... ¿alguien sabe cómo
se cambia una sociedad entera?
lunes, 30 de noviembre de 2015
Maldita la hora, compadre.
Ese día gris el camaleón
decidió encaminarse al bar más cercano. La cantina de toda la vida. Como las
que aparecen en las pelis de indios y vaqueros. Ni siquiera faltaba la puerta giratoria.
Tan poco fiable. Tan pronto te da la bienvenida como te pega un azote en el
culo si te quedas demasiado tiempo en su circunscripción. La que marca el eje
de sus bisagras que casualmente tienen forma de bragueta.
Allí entró cabizbajo
nuestro amigo, mustio dirían algunos, embajonao otros. Según pedía, más con
signos que de viva voz, una copa doble como requería más bien exigía la
ocasión, lanzó un suspiro cuyo objetivo no era si no la nada donde se perdió su
mirada. Algunos se atrevieron a intuir que eran lanzados (tanto el suspiro como la
mirada) hacia un ente que se escondía tras las vigas del techo. La famosa musa
del bar a la que todos dedicaban coplas etílicas. Otros juraban que lanzaba sus
juramentos a la gotera que furtivamente se hacía hueco entre las maderas. Qué
mal está el presupuesto de la cantina, conjeturaron que pensaría.
Pero nada más alejado de
las sospechas de los allí presentes. Su suspiro encerraba una reflexión más
trascendental. Demasiado alejada de lo baladí. Más profunda que el pozo de su
misterio.
Su pesimismo fue poco a
poco calando en los pobres que ese día habían elegido ese lugar y ese momento. Maldita
la hora, compadre. Los que habían apurado sus copas antes de su llegada
requerían la segunda (para algún osado ya era la quinta). Y en procesión
regresaban a sus localizaciones como comandados por un concienzudo director de
escena.
Una vez que todos se
abrazaron a su bebida espiritosa fueron girando lentamente sus cabezas hacia
nuestro protagonista. Como animándole tácitamente a compartir su pesar.
Infundiéndole el valor que aún no entraba por la puerta. Invitándole a entrar. Al
final entró y tomó vida en el gaznate del camaleón. Éste le dio la bienvenida
con un trago de ese whisky doble que había pedido.
Finalmente, tras una
pausa en la que la luz se atenuó, las respiraciones se cortaron y el grillo
calló, con la voz más honda que jamás le hubieran escuchado antes al camaleón,
éste confesó:
"Compadres, hoy he dejado de creer en la magia".
Doce había allí reunidos, trece si contamos al más desdichado de todos. Y doce voces se
unieron al unísono para dedicarle un sentido "Salud, compadre" al
treceavo. El más desgraciado de todos. Maldita la hora, compadre.
viernes, 16 de octubre de 2015
De carabelas, vals y estrellas fugaces...
«Ese día entendió que ganaba más
por lo que no le decía que por lo que le confesaba. Que eran más importantes
los silencios en los que los desconocidos se sentían incómodos que la verborrea
acelerada y poco locuaz de los extraños amigos. Comprendió el significado de un
roce descuidadamente sincero y se le olvidó lo que era una caricia amañada.
Percibió suavemente el olor embriagante que desprendía la serenidad a su lado. Adivina
lo que pienso si me miras. Porque no había más intención que la de compartir
el ahora. Lo que somos en este fugaz instante, tan efímero que a algunos se les
escapa en una lluvia de estrellas. Porque las explicaciones están hechas para
los libros de Ciencia y para los amantes no espontáneos y forzados de la
Historia. Aquellos que habían aprobado
con sobresaliente el protocolo químico del esmerado esfuerzo pero poco dados al
arte de improvisar y jugar a ser libres, simplemente por el placer de probar y "¿a ver qué pasa si sigo el camino amarillo?". Pintar con los dedos de las
manos una paleta infinita de colores. Y... ¿si de repente la vida pasa y esto
sigue creciendo a borbotones cual el éxtasis orgásmico de una palomitera?. Caliente, chispeante, aceitoso y fresco.
Delicioso. Aún así ciertos temores le asaltaban sin querer invitarlos, como
colados en fiestas que se celebraban para dos. Porque no hay peor vals que el
que se baila entre más de "tú y yo". Y aún así pensar que el mundo
está poblado de Américas que descubrir. Tantas carabelas que acondicionar para
zarpar. Y saber que a pesar de la aventura inminente, de la expectativa de
infinitos periplos había descubierto una isla en la que atracar. Lanzar el ancla
y descansar. Por ello, y simplemente por eso era feliz más que nadie en el
océano entero.»
lunes, 22 de junio de 2015
Cajón de Decisiones Postergadas
El camaleón tenía un
cajón con una etiqueta "Cajón de Decisiones Postergadas".
Esa
etiqueta no estaba puesta al azar, señores. Ahí se iban acumulando todos los
objetos que no utilizaba a menudo pero de los que no quería deshacerse, los
volvía a guardar con un "hoy no los tiraré, quizás mañana". Llamémosle
nostalgia. Llamémosle desidia.
Aquella
bola de plástico con la que se divertía de pequeño. El vestido de gala de
graduación. El primer disco que compró con su primera paga. Tantas fotos,
tantos recuerdos acumulados. Pero sacados de contexto. Sin un fin específico. Había
pasado su momento. Su fin era sólo acumularse en aquel cajón.
De la misma
manera, cuando lo abría a veces se topaba de bruces con algunas preguntas cuyas
respuestas iba postergando. Quizás era por falta de interés y relevancia en el
momento en que surgían.
Eso pensaba el camaleón. Pero yo como narrador
omnisciente, todo lo sé y todo lo veo, os puedo decir (ahora que no nos oye) que
eran las preguntas más importantes de cuyas respuestas dependía el trazo de su
camino por este mundo salvaje.
De repente un "¿por qué los detalles que
hacen que nos enamoremos de una persona son los que acaban aburriéndonos, y en
última instancia separándonos?", "¿por qué pasamos tan poco tiempo con
la gente que realmente nos valora y tanto con quien ni fú ni fá?", "¿A dónde van a parar todas las
palabras que por miedo no decimos?", "Y, ¿a dónde va parar todo el amor
que sentimos por alguien cuando se esfuma?", "¿por qué decimos que sí cuando
queremos decir que no?" "O decimos estoy bien cuando queremos decir estoy mal,
abrázame" , "Por qué nos enseñan a sumar, restar, multiplicar y
dividir y no a sentir, asumir pérdidas, valorar nuestros afectos y compartirlos
con el resto. Por qué nos enseñan a analizar sintácticamente frases y no a
saber comunicar lo que sentimos". "¿Por qué buscamos excusas cuando hay
que cambiar actitudes?, "Y si tomamos precauciones en el sexo, ¿por
qué no en el amor?"
Mil preguntas se
acumulaban en ese cajón. Pero hoy no tienen respuesta, quizás mañana...
| "...y mientras el tiempo pasa y la inocencia con él... o montas en el tren o te quedas en el andén..." |
martes, 17 de marzo de 2015
Espejos.
Necesitaba hacer ese
viaje. El más duro de todos.
Había estado demasiado tiempo anclada en "La
Casa de los Espejos". Pero en esta casa embrujada no había espejos
cualquiera. Si no miles de rostros, miradas escudriñadoras, ojos avizores,
ojeadas rápidas pero agudas. En todos ellos se veía reflejada. Rastreaban los
movimientos estuviera donde estuviera. Acá, allá, acullá...
Ella les devolvía
la mirada pero en seguida la dirigía al suelo. Perdía el duelo. Bang Bang. Derrotada.
Se desvanecía la poca fuerza que le quedaba.
En esa casa aquellos rostros-espejos
le devolvían siempre una imagen distorsionada.
Nunca era la misma. Si
andaba hacia allí y se cruzaba con ese rostro avejentado de mirada grisácea era
más alargada, si se enfrentaba al rostro juvenil pecoso se veía lejana, si se veía
ante la mirada atenta de ese caballero de repente tenía las piernas más largas
y ancladas firmemente a la tierra, si se enfrentaba al espejo de semblante
serio femenino, su cabeza superaba las proporciones de su cuerpo...
Nunca le devolvían el
reflejo que coincidía con su propia imagen.
Era el momento de romper
todos los espejos. Dejar de verse distorsionadamente reflejada. Era el momento
de mirar hacia el interior. Buscarse. Y ¿encontrarse? Cuál es la verdadera
imagen...
Pero hacerlo ¿qué suponía?... ¿un viaje solitario? O ¿debería encontrarse en ese reflejo que le devolvían los
espejos?
¿Cómo acertar en La Casa de los Espejos?
Variações pindéricas sobre a insensatez by Joana Sá - Music for film "Tabu" by Miguel Gomes
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