lunes, 8 de junio de 2020

Simplezas.



Pensaba que era bastante simple hasta que llegó la vida y entró por mi puerta. Qué visita más imprevista. No tenía canapés ni sillones para invitarla a sentar. Pero era una invitada hiperactiva. Cómo revolvía...Y yo que vivía en el limbo de no llevar mochila. Y llegó ella… y me hizo comprender que no era nada elemental. Ni etérea. 
Porque para mí es imposible desligar las pasiones de la mente. Los impulsos de los soliloquios en mi habitación. La frescura y acción, del humo denso y lucubración. 
De lo primero había cajones, de lo segundo arcones.
Pensaba que era sencilla hasta que me dejé llevar por esta lluvia de meteóricos estímulos. 
De personas. Proyecciones. Reflejos. Emociones. Relaciones. Saltos al vacío sin paracaídas.
Había ido hasta entonces muy cómoda sentada en el asiento de atrás del carruaje. Pero decidí tomar las riendas. Y una noche fugaz llevaba a una semana densa. Un camino a una guarida. Un callejón a un acantilado. Y una estrella perdida me estrellaba contra el pavimento de mis heridas. Que se iban acumulando como un caparazón que algunas veces me restaba el color. Pero no la luz. La luz siempre se asoma. 
Curiosa. Insaciable. Inagotable. Viva. 
Sacar energía del vacío para volver a caer en la ruleta de esta lunática invitada. 
Siento tanto. Pienso tanto. Quiero tanto. Amo tanto.
Bienvenida seas vida. 

lunes, 27 de abril de 2020

83 URTE

Nire amuma oso ttikia zen. Baina horretaz beti akordatzen zen. Agian hainbat aldiz entzuteagatik akordatzen zen. Niri beti kontatzen zidan istorio hori. Beldurrezkoa. Beldurgarria. Ez egiteko lo. Ezta negar ere. Ezintasuna. Amorrua.

Apirilaren astelehen batean. Nire amumaren ama lanera joan zen, betiko lez. Eta umeak etxean utzi zituen -9 guztira-, betiko lez. Izeko Justi nagusiena zen, nerabea. Amuma ttikiena, haurtxoa. Eta bat-batean sirena bat entzun zuten. Izeko Justik erabakia hartu zuen. 

Ume guztiak hartu -9ak- eta hilerrira. Ziztu bizian. Ezkutatzera. Eta hegazkinen motorrak. Eta... Bum. Bam. Bum. Beldurra hain itzela zen, ez baitzuten negar egiten. Ixil-ixilik. Nitxo batean ostendute hildakoez inguratuta. Baina horien beldurrik ez. Bizidunena, baizik. Bare bat aurpergitik. Baina ixil-ixilik. Mugitu barik. Orduak pasa. Inpernuko zaparrada hori bumbambum ere gelditu. Ama etxera bueltatu. Ta umeen arrastrorik ez. Munduko ikararik handiena. 

Non ote daude?
Eta hortxe agertu ziren. Hilerritik bueltan. Denak bizirik baina beldurrez hilik. Beste koittau batzuek ez zuten zorte hori izan. 
Goian beude
83urte

sábado, 18 de abril de 2020

Pasado imperfecto.

Y así de repente aparecen de la nada. Aquellos que un día cual motas de polvo se dejaron llevar por vientos de cambio. Sin apegos, sin explicación. Como si no se hubieran tejido hilos indestructibles. Sentado raíces profundas. Inabarcables océanos. Tanta agua. Se fueron como si nunca hubieran estado allí, a pesar de que su huella es indeleble. Imborrable. Y no queda más que hacer un duelo de alguien que estuvo allí mucho tiempo y en realidad Nunca estuvo allí. Un aplauso señoras y señores al mejor prestidigitador de esta carpa. 

Y tras el tiempo, cuando todo marcha bien. Cuando vuelven a florecer bellos colores en primavera y también en el alma. Cuando han cerrado heridas y brotado los jugos frescos que sacian la sed, cuando todo está en calma y no agitan con fuerza las ramas de los árboles. Aparecen. Así, como si nada. 

Deseándote felicidad. Con sus armas de siempre. Cual flautistas de Hamelin. Cual pastelero dejando migas en el camino para que algún pájaro pique. Y vuelve con él el soliloquio que ya no echabas de menos. Caer en la trampa. En el día de la marmota. En el círculo de no saber dejar atrás lo que nunca tuvo que haber sido. Y fue. A pesar de todo. A pesar de nada. Y fue. Y fue imperfecto. Pasado imperfecto que siempre deja abierta una ventana. Que cierras con cada corriente de aire que despeina los rizos que caen sin ton ni son, pero son. Y son solo tuyos. En la que se cuela el frío de las tres de la madrugada. La brisa que no había sido invitada. La melodía que desentonaba en la fiesta. El sueño donde no era un invitado. Pero aparece con un ramo de poco. Con un ramo de nada. Que pretende remendar mucho. Cuando ha acabado la jarana. 

No hay hilo en la tierra para coser los finales malos. Los cierres interruptus. Los portazos sin palabras. No hay hilo en este mundo. 


viernes, 15 de noviembre de 2019

tren a ninguna parte


sus labios hinchados me miraban sin desearme y aún notaba su aliento candente en mi nuca. pensaba que quizás me había equivocado de andén y sin embargo ese tren tenía mi nombre. pensé que el viento que llevó mis tacones hasta ese punto no se había equivocado. nunca lo hacía. nuca. y aún así me sentía tan perdida. será porque olvidé sacar el mapa, la gabardina y la cartera. mis raíces me atan a una tierra extraña y seca. tan árida como mi interior. por eso necesito respirar su aliento a través de mi cuello. le conocía de siempre y no quería encontrarme con él…y aun así…aquí está… a mi espalda noto su potencia. un tren que me va a arrollar sin señal de aviso. me preparo para el impacto y aún así tiemblo de risa. me deshago en expectación y suelto un suspiro leve pero denso como la niebla que hemos formado al evaporarnos en un mismo latido. atrápame en tus vías sin destino. nunca me importó donde llegar mientras el camino fuera cómodo pero ahora quiero curvas entre mis piernas. y qué equivocada estoy siempre ante las expectativas de los demás. qué ciega. noto que su deseo es tan palpable. un terciopelo viscoso y enrarecido. la tensión se corta con un sutil suspiro. sin mirarle directamente doy un paso hacia atrás. sin querer me estoy lanzando al vacío. aun de espaldas a un destino incierto y placentero. hacia sus brazos… robles fuertes y hábiles. su vello. metal quema. y ahí está. toco. palpo. siento… en el roce con su piel bailo cada latido de su interior. es una selva húmeda. mojada. y sin evitarlo lluevo sin control. y eso que aún no he ido al encuentro de la zona más misteriosa. sus ojos. dos lanzallamas que de reojo me han quemado las pestañas… y me atrevo… subo lentamente mi mirada… lenta letanía recito mientras voy a su encuentro. sin prisa. sin pausa. sin corazón. ni cabeza.. solo instinto. solo visceral… y me abraza y me abrasa una ola de lava que puede que me destruya pero oh! árdeme. su mirada… cuando solo existía un verbo en este mundo y quizás en todo el universo era mirar. y el sujeto era él. hazme tu predicado. haz conmigo lo que quieras. su boca se convierte en una agujero negro que devora cada célula de mi boca. mi cara, mi cuerpo… y no existen dos. si no un chispazo hacia el interior. y hacia ninguna parte. un big-bang en rewind. una implosión de galaxias. todo va hacia dentro. oh divino desastre en el que caigo… y entonces no hay vuelta atrás. la muerte en sus brazos me acecha y yo sólo puedo corresponder con un sí… 
me monto en este tren…
llévame donde quieras… 
llévame... a ninguna parte. 


miércoles, 1 de febrero de 2017

Aves migratorias.

Ella tenía la cabeza llena de pájaros pero, no os confundáis, los suyos bien sabían a dónde se dirigían y de dónde partían. Eran conscientes de dónde comenzaba su periplo y dónde acababa. Fueron bendecidos (y a la vez malditos) con esa sabiduría. Lo que ignoraban y aún así valientes aceptaban de antemano era el viaje. Ella y sus aves. Migraban como las estaciones pero mantenían el ascenso firme. Sin duda. Sin miedo. Sin quejas. Sin tribulación. Sabían cuál era su esencia y la asumían. No podían quedarse demasiado tiempo en un lugar fijo porque las condiciones cambian. Las estaciones cambian. Los árboles mudan. Las aguas escasean. El depredador acecha.  El alimento falta. El nido daña. Y aunque el camino nunca fue fácil, todas: aves y ella se enfrentaban a la adversidad del camino. En calma. Y con la sabiduría que provee el planeo constante. Porque ver la vida al sobrevolar nutre el alma. La embellece a la vez que duele. Duele mucho. Por eso hay que ser valiente. Y sin quererlo, ser diferente. La soledad puede pesar en las alas. También el dolor que proporciona el traqueteo del viento. Y aún así, poseer el arrojo para desplegarlas y saltar es el valor más preciado que he aprendido de ella. De ella y de sus aves migratorias. Nómadas. Los que tenemos pájaros residentes miramos con recelo. Con tristeza agitamos nuestras alas pero sólo para decirles adiós. A ella y a sus aves. Jamás alzamos el vuelo. Sólo la mirada para, asombrados, observar su partida. Enfadados  nos miramos unos a otros preguntándonos por qué ella y sus aves tienen que volar tan lejos. Pero hay gente sabia. Y hay gente ciega. Y hay gente que aprende. Por eso yo abrumada por la belleza de su vuelo hacia las aguas y el sol del verano sólo me queda decir adiós, buen viaje y esperar que algo de su colorido plumaje espolvoree luz en nuestro camino. Para que algún día, podamos planear como ella y como sus aves. Que inocentes de ellas, nunca sabrán el poso de sublimidad que han dejado con su fugaz paso por el invierno de este instante...
   

sábado, 31 de diciembre de 2016

La que espera...2017

Ahora que me han obligado, léase forzado, a una larga espera en el aeropuerto me da por pensar. Esperar. Pensar. Espensar. El que espera desespera y solo hay que echar un vistazo a las definiciones para que nos quede claro lo frustrante que es este verbo:
1. tr. Tener esperanza de conseguir lo que se desea.
2. Creer que ha de suceder alguna cosa.
3. Desear que algo ocurra.
4. Permanecer en un sitio donde se cree que ha de ir alguna persona o ha de ocurrir algo.
5. Parar en una actividad hasta que suceda algo.
Tener esperanza. Creer. Desear. Permanecer. Parar.

Desde luego que no elegiría estos verbos para una película de acción. 
Sería bastante aburrida desde luego. ¿Cómo se plasma en un plano o en una escena eso? Sería difícil incluso para Bergman. 
Fundido negro. Una sala naranja. Chirriante en ocasiones pero cálida al fin y al cabo. Un sofá de metal con rejillas desde el que sale un humo que nubla la vista. No estás cómodo pero podría ser peor. Y a la vez nos gusta la fragancia de ese humo que de una forma u otra nos tiene prendados nos mantiene presos. Así retrataría yo la espera.
Además si os dais cuenta, el verbo lleva implícito el hecho de que un factor ajeno a nosotros es el actor en si. Nosotros somos meros espectadores. Y mira que pudiendo ser una muñeca de acción lo de estar sentada creyendo que soy merecedora de que algo ocurra o alguien se presente o que por lo menos se reanude la marcha, es una basura. Si si, muchas veces me he visto en esa situación y he pegado un respingo reprochándome ser tan mema. ¿Pero qué haces tia?¡espabila y haz algo útil!
Asimismo es como una especie de transacción enfarragosa. Un limbo. Un momento de quietud y aburrimiento que bien encauzado conduce a una recompensa. Bien sea una cosa, una persona, una situación. O un puñetero vuelo. Como había dicho ... Bien llevémoslo (carraspeo) Perdón. 
En estos momentos la vida nos obliga, léase fuerza a que paremos un rato. Nos agarra de la solapa y nos arrastra a sentarnos en la sala naranja. Nos pide q nos concentremos en el ahora. No en las cosas siguientes q tenemos q estar ya haciendo y vamos tarde. 
Y se agradece un remanso de tranquilidad en esta vida loca que siempre acaba despeinándome y sacándome ojeras.
Es un buen momento para priorizar y elegir bien el rumbo. Y no ir como pollos sin cabeza, maldición. A qué viene tanta prisa. 

Por ello voy a aprovecharme de esta oportunidad cual parapente y voy a hacer un vuelo de conciencia. Y así, desde este positivismo más zen no me queda más remedio que parar. Permanecer quieta. Tener esperanza y desear que tengáis una entrada de lujo al 2017. Y creer que será lo mismo de guay para mí.
Al fin y al cabo es lo que llevo esperando todo este tiempo...

sábado, 13 de febrero de 2016

28...tan cerca de los 30 y tan lejos de la madurez...



Pero muy cerca (caliente!caliente!) de encontrar el tesoro tras una larga búsqueda. A puntito estoy. Como a punto de llegar nadando al final del horizonte del mar. Sin embargo ha habido algún que otro tropiezo en el barro, aproveché para exfoliarme un poco la piel que ha visto 10227 amaneceres. No hay mejor antiarrugas que la sonrisa para las patas de gallo. Cada día mejoro el arte de saber reírme de mí misma. Los defectos aparecen como topos asomando sus ojos chinitos y me hacen reír tanto que a veces hasta se ríen conmigo. Porque el humor es esencial para amar. Y amar es parte del secreto de la felicidad. Pero no el amor romántico que sólo aparece en las pelis de Disney. Que, ¡cuidado!, aún influyen en mi caminar. Ya te vale Walt. Yo os hablo del amor por disfrutar, saborear y abrazar cada instante. El tiempo no es que vuele, es que viaja a la velocidad de la luz. Einstein, ¿me lo explicas mejor? Amor por esos momentos a solas en la punta del monte en los que frente a frente te miras y te preguntas ¿qué tal te va la vida? ¿Qué cambiarías? ¿Qué dejarías tal como está? ¡CAMBIA! Siempre a mejor. Amor por cultivar y regar las relaciones que van surgiendo por azares del destino, para que echen raíces y enriquezcan la paleta de colores de lo vivido. Grandes amistades para echar cañas y cantar rancheras y echar irrintzis. ¿Pintamos un rato con los dedos de las manos? Amor por saber abrazarte cuando eres demasiado duro contigo mismo y regañarte cuando la has cagado. Mejorar. Evolucionar. Amor por cultivarte a ti mismo, aprender algo nuevo: quizás un idioma,  quizás a hacer sushi. Y amor por hacer travesuras, despeinarse un poco de vez en cuando, porque estoy tan cerca de los 30 y tan lejos de la madurez...  Y sí señores ni Punset lo diría mejor "la felicidad está en la sala de espera de la felicidad" (ahora que lo pienso, sí que sí lo dijo él). Así que... ¿por qué no bailamos un rato?